Absolutamente convencido de haber sido diseñado con facultades para su automantenimiento y propia evolución, forjó con cierta dificultad una carcaza para cubrir su torax. Su instinto le indicaba que un robot debía poseer una morfologia matalica, solida y poco flexible. La pratica lo convenció de que el metal era incomodo y poco práctico; las latas de atún que empleó para su fragil armadura, sobresalian con bordes afilados y puntas desiguales que lo lastimaban facilmente. Se convenció asi mismo que pertenecia a una avanzada generación hija de la bio-ingenieria, y que presindia de cubiertas voluminosas para ocultar sus engranajes y mecanismos. Sin embargo, presintió que sería dificil encontrar robotiscas capacitados para refaccionar potenciales averias, así que optó por proteger las partes más sencibles que lo constituian. Fue una deshacertada elección en la que las cuestiones esteticas prevalecieron por sobre las funcionales. Canilleras deportivas cubrieron sus antebrazos; para su torax empleó un chaleco de cuero, con tachuelas opacas la espalda, y plaquetas con transitores viejas por el frente; su cabeza era un casco de cuero, al que habilmente habia adeherido antenas verticales que salian desde sus orejas.
Se observó en el espejo, y sonrió satisfecho. Reprimió la sonrisa al darse cuenta que era una conducta inapropiada para un robot. Por un segundo dudó si su traje era necesario, incluso rídiculo. Podía facilmente simular ser un humano, lo sabía. Pero su función no era el espionaje ni la investigación, asi qe le pareció conveniente, al menos hasta recibir ordenes opuestas, el evidenciar su condición.
Eran las 8:34 pm cuando cruzó el gigantesco umbral de aquella vieja casa, con intenciones de no regresar jamás.
Suave y claramente le dijo a la anciana -Buenas noches, menesterosa dama. Dejeme informarla: He sido concenbido para ayudar. ¿acaso necesita usted, algún tipo de ayuda?- Ella, en un tono natural y despreocupado, le hizo saber que las bolsas que llevaba en su mano derecha, cargadas de latas y verduras, estaban algo pesadas.
Las 12 calles restantes del recorrido, las hicieron en silencio. Él, con un aire de satisfacción. Ella, con una leve preocupación por las guarniciones para la cena de esa noche.
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Cuentos
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